miércoles, 10 de enero de 2018

Márgenes.




Los márgenes. Tierra sagrada elegida por Dios para asumir nuestra frágil humanidad y revelarnos su deseo de un mundo lleno de paz, justicia y libertad. Mientras los poderosos repetían incesantemente: ¿Acaso algo bueno puede venir de Nazaret?, Él respondía sin dudar que “los chorros y las prostitutas entrarán primero en el Reino de Dios.
Los márgenes. El lugar dónde Don Bosco sintió el llamado de construir el Reino de Dios entre los pibes más pobres, más vulnerables, expulsados por un sistema que mata y deshumaniza. Mientras lo acusaban con el dedo y le recriminaban: ¿Qué clase de sacerdote es usted, que saca a pasear a estos delincuentes?, él contestaba con mucha seguridad que “en todos los pibes y las pibas hay una cuerda de santidad, sólo hay que saberla afinar”.
Los márgenes. Un sitio que es legado y herencia de nuestro Dios de la Vida y de nuestro Padre Don Bosco, para encontrarnos con Él y para junto a los jóvenes más pobres edificar vidas llenas de plenitud y felicidad. Mientras los dueños del mundo nos quieren convencer de que en los márgenes se encuentra la culpa de los problemas de nuestra sociedad, nosotros decimos con claridad que “los pibes y las pibas no son peligrosos, están en peligro” y qué todas las vidas valen, porque “cada vez que lo hiciste con el más pequeño de mis hermanos lo hiciste conmigo”.
Los pibes y las pibas viven en los márgenes. Sienten. Nacen. Crecen. Sufren. Buscan. Piensan, lloran, rezan. Vuelan, gritan. Algunos, muy queridos para nosotros, mueren en los márgenes y nos rompen el corazón. Ojalá que sigamos eligiendo los márgenes cómo lugar privilegiado de encuentro con Dios y que siempre estemos ahí para acompañar a los jóvenes que nacen, viven y mueren en los márgenes.

Mauro

CULTURA DE BARRO


jueves, 21 de diciembre de 2017

El pesebre incómodo

La última etapa del año es tal vez la más agotadora, tumultuosa y agitada: los estudiantes terminan sus exámenes y cierran materias, a los que trabajan ya les pesa el calor y todo el año vivido. Pero a la vez, cual frutilla del postre, el año cierra con una celebración: la Navidad. Pero no necesariamente el frenesí de regalos y compras, sino más bien el encuentro que gesta el recordar que Dios se hizo hombre.

Adviento se nos propone como un tiempo para ir preparando el nacimiento de Jesús, pero esta tarea puede, o debería, ser un poco incómoda. ¿Por qué? Que el mismo creador de todo se haga hombre es una idea incómoda, es algo absurdo, ¿para qué Dios saldría de su comodidad divina, haciéndose hombre? Solo podemos entender el sentido de la encarnación si verdaderamente nos atrevemos a pensar en el valor que tiene el ser humano, pero no entendiéndolo como medio, sino como absoluto fin en sí mismo. 

Para los tiempos que corren incomoda la idea de pensar en el que sufre, en el que necesita, en el marginado; sale más fácil sostener que el pobre es así porque quiere y lo seguirá siendo. A los que nos consideramos personas de fe no siempre nos sale tan fácil reconocer a Jesús en las mujeres y hombres de nuestro tiempo. Hace dos mil años las posadas se cerraban a padres que iban en burro tratando de encontrar un lugar para recibir a su hijo. Hoy seguimos cerrando nuestros corazones a Jesús ¿cómo? callando ante las injusticias, metiendo a todos en la misma bolsa, reclamando igualdad mientras marginamos y discriminamos.

Herodes se incomoda al saber que el Mesías que su pueblo (y tal vez él también) había esperado acababa de nacer. Significaba que el poder que había obtenido, del cual se sentía orgulloso de poseer, estaba a punto de desvanecerse. Jesús incomoda a los poderosos, a los opresores, a los que juegan con las personas para sacar su propio provecho. Adviento también encuentra a nuestra patria sumergida en injusticias y dolores: Santiago, Rafita, los reprimidos, los atrapados por la droga, tantas y tantos más que hoy incomodan a algunos poderosos al igual que un niño en el pesebre. Pero no podemos desanimarnos, deben ser impulso para seguir construyendo el Reino, y es que Adviento no es preparación depresiva, sino que es para la alegría más grande: Dios se hizo hombre, puso su carpa en medio de las nuestras, hizo su casa en medio de nuestro barrio.

Que lindo seria poder preparar en nuestro corazón un pesebre que incomode con el mensaje del amor, de la esperanza, de que no hay nada ni nadie perdido, de la igualdad, de la transformación, del deseo de una sociedad justa por y para todos y todas. Que los primeros incómodos seamos nosotros mismos, porque el deseo del Papa de salir a las periferias es lo opuesto a estar cómodos: es saberse accidentado, perseguido, pero con un corazón desbordado de Dios en el encuentro con los que más sufren. ¿Es fácil? Capaz que no, pero tampoco es difícil. El Papa Benedicto XVI escribía: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva…” (Deus Caritas Est 1)

Por eso podemos dejarnos algunas preguntas para orientar nuestra experiencia de Adviento: ¿me animo a ver la dignidad de mi hermano, de mi hermana? ¿Cómo puedo seguir creciendo en la Fe en el encuentro con otros? ¿Puedo potenciar en este tiempo algún espacio de encuentro con Jesús que viene a cambiar mi vida? ¿Cómo preparo mi pesebre incómodo? Y cuando pase Navidad ¿seguiré dándole lugar a Dios que nace?

“Calle Belén” una canción del P. Meana que nos puede ilustrar algunas incomodidades para este Adviento. Ahí van algunos fragmentos que tal vez pueden irse haciendo carne…

Ustedes sean mi voz.
Con suavidad, limpien mi herida.
Lloren mi soledad.
Siempre acompáñenme.
“Hermano” llámenme.
Defiéndanme y hagan justicia.
Gusten mi humilde pan.
Mi hambre y sed, pálpenlos.
Conmuévanse de mi abandono.
Oigan mi débil voz..


¡Vengan a mí, estoy aquí!

Gaston Ibañez


miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿Se puede creer en Dios y en Jesús, sin creer en el Dios de Jesús?

No puede dejar de impactarme ver muros de Facebook dónde, luego de compartir una foto de esas bien romanticonas de Jesús o alguna frase del Evangelio del día, aparezca una publicación apoyando la expulsión de extranjeros de nuestro país. Me cuesta creer que en grupos de Whatsapp parroquiales podamos intercalar fotos románticas de jesuses milagreros a la vez que nos envíanos publicaciones donde despreciamos y estigmatizamos a los hermanos y hermanas más pobres. Me impacta encontrarme con personas de misa dominical (o incluso diaria) que no tendrían reparos en condenar, encarcelar o hasta asesinar a la porción privilegiada de vida que nos confío Dios: los pibes y las pibas más pobres.

En medio de este escenario tan complejo que nos toca vivir asolaron sorpresivamente una buena cantidad de preguntas acerca de la fe. ¿En qué Dios creo? ¿En qué Dios creemos? ¿Qué Dios anunciamos? ¿Creemos en el Dios de Jesús? ¿En su propuesta del Reino? ¿Se puede creer en Dios y en Jesús sin creer en el Dios de Jesús? ¿Podemos creer en Dios y no en el hombre? ¿Podemos sostener nuestra fe a la vez que defendemos, sin ponernos colorados, tantas propuestas que atentan contra la dignidad e incluso la vida del hombre? ¿Acaso la fe no consiste también en una mirada concreta sobre el mundo, desde la vida de Jesús?

Estas y otras tantas preguntas me fueron animando a intentar ponerle algunas pocas palabras a mi experiencia actual de fe. Creo que construimos nuestra subjetividad y nuestra fe a medida que la narramos y resignificamos…y creo también que compartir estas experiencias enriquece nuestra relación con Dios. Soy consciente también qué es muy difícil ponerle palabras a algo tan íntimo y sagrado como nuestra experiencia de fe. Es algo sobre lo cual apenas podemos decir alguna palabra, dónde a veces es mejor recurrir al silencio. Pero me duele esta situación y por eso ahí va un sencillo y seguramente insuficiente intento.

Hoy creo que, desde Jesús y el Dios que anunciam se puede entender la fe cómo…
  •          Confianza en la misericordia, la fidelidad y la bondad de Dios.
  •           Un regalo que me da fuerza para construir el Reino y afrontar la vida cotidiana.
  •           Una experiencia que me sostiene, que me funda.
  •           Fuente de esperanza y de vida
  •           Impulso creativo y libre en búsqueda de la plenitud.
  •           Inspiración en la lucha por la justicia propia de la construcción del Reino.
  •          Un encuentro con Otro en los hermanos y hermanas más pobres, en nosotros, en el mundo, en nuestras profundidades más hondas.
  •          Una opción concreta y real por los más pobres y desfavorecidos del mundo desde la cual intentamos construir un mundo nuevo habitado por la justicia, la paz y la igualdad.
  •           Un horizonte de sentido desde el cual leer la vida, el mundo y la realidad.
  •           Un proyecto de liberación y de humanización plena.
  •           Una búsqueda constante de “dejarse amar y sostener” para intentar “amar y sostener”.
  •           Un don de Dios para cambiar el mundo.
  •           Un amor personal, apasionado y compasivo de la persona concreta de Jesús.

También, creo que la fe hoy no puede ser...

  •           Cumplimiento
  •           Intimismo.
  •           Ritualidad vacía.
  •           Deber ser.
  •           Una experiencia que coarta la libertad y la plenitud del hombre.
  •           Una mochila más pesada de la que podemos cargar.
  •           Decirle al otro lo que tiene que hacer o tiene que pensar.
  •           Una visión moralizante de la vida.
  •           Magia o soluciones inmediatas para los problemas.
  •          Una experiencia que te descompromete con los dolores concretos de los hermanos y las hermanas más pobres.

Decía San Ireneo que “La gloria de Dios es que el hombre viva”. En el mismo sentido, el apóstol Santiago nos recuerda: “Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta”. (San, 2, 15-17). Ojalá que no construyamos espiritualidades desconectadas del sufrimiento del mundo y que, como Jesús, nuestra intimidad con Dios nos ayude a tener una mirada compasiva, misericordiosa y transformadora del mundo, jugándonos la vida por los hermanos y las hermanas que más sufren.


Mauro

CULTURA DE BARRO


lunes, 18 de septiembre de 2017

Madre del dolor, ¡ayudanos a caminar!

El domingo por la mañana tuvimos en la capilla del barrio las fiestas patronales de María al pié de la Cruz, o la también llamada, Madre Dolorosa. Mientras andábamos las pedregosas calles de la barriada, a la luz de un caluroso sol y rezando los dolores de nuestra Madre, muchos rostros brotaban en cada Ave María, el recuerdo de algunas lágrimas, y la imperiosa necesidad de ponerle palabras a algunos gritos mudos. 

El primer dolor recuerda la profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús, cuando le avisa a María que una espada de dolor iba a atravesar su alma. Afloran en el Ave María, los rostros de tantas madres que con impotencia lloran la pérdida de sus hijos, son testigos del dolor que padecen… Pienso en cada una de las madres que se auto-convocan para luchas contra la espada del paco, de la cocaína, de las porquerías que matan a sus pibes y pibas, de la trata de personas, de la violencia de género. María con su dolor, se hace solidaria de tantas madres que lloran y sufre. 

La huida a Egipto, con José y Jesús a cuesta, constituye el segundo dolor. La Madre de Dios y Madre nuestra se hace solidaria con todos los condenados de la historia a vivir en el margen, en las periferias, se hace solidaria con todos aquellos que tienen que dejar sus raíces en búsqueda de una moneda que permita ganarle al día a día, se hace solidaria con los refugiados, los expulsados de este sistema que son marginados a vivir en condiciones indignas y deshumanizantes. María, la madre de Dios que vio nacer y crecer a su hijo en la villa, es víctima, perseguida y refugiada. 

El tercer dolor hace referencia a la pérdida de Jesús, cuando éste estaba en el templo. Tres días de buscar, de sentir que su hijo se había perdido. Te haces solidaria Madre nuestra, con las abuelas y las madres que todavía albergan la esperanza de encontrar a sus nietos y sus hijos desaparecidos en la dictadura, te haces solidaria con la familia Maldonado, te haces solidaria con la familia de Marita Verón, te haces solidaria con cada una de las familias que esperan día tras día abrazar con fuerza a algún ser querido que nunca regresó, sea cual sea la circunstancia o los motivos. Te haces solidaria Madre de las lágrimas, con el llanto desconsolado de cada mamá que despide a su hijo luego de visitarlo en la cárcel y no poder llevarlo consigo a casa, con el llanto de la familia que pierde algún ser querido por la inseguridad. Vos Madre de los últimos, conoces la miseria humana a fondo, mataron injustamente a tu hijo, gracias por hacerte solidaria y animar nuestras búsquedas. 

Los últimos cuatro dolores, recuerdan el encuentro con Jesús camino a la cruz, la crucifixión de Jesús y la agonía, la lanza que atravesó su costado y recibir en brazos a Jesús muerto, y por último, el entierro de Cristo y la soledad de nuestra Madre. Vos más que nadie Madre querida, sabes lo que es el dolor de la muerte injusta, el dolor humillante de la cruz.

En cada Ave María aparecen los rostros desfigurados de pibes y pibas consumidos por la cruz de la droga, aparecen rostros demacrados por el hambre y la injusta repartición de bienes que hace crecer el número de los expulsados del sistema, aparecen rostros castigados por el trabajo infantil, por la explotación sexual o por el “muleo”. En cada uno de estos rostros, se transfigura el rostro de tu Hijo, Madre, porque él quiso ser solidario con todos los crucificados de la historia y resignificar el dolor de los últimos al no bajarse de la cruz, al no esquivar el dolor, aunque tuvo miedo y mucho. Vos, Madre, la incondicional, no te borraste tampoco… Solo vos sabes el dolor que atravesó tu corazón, y sin embargo, resististe a los pies de la cruz, resististe a abrazar a tu hijo asesinado. De tu corazón brotó fuerzas para resignificar lo que estabas viviendo, brotó fuerzas para no borrarte, brotó fuerzas para hacerte solidaria también con los crucificados de la historia y con tantas madres del dolor que luchan día a día por justicia, por claridad, por un mundo donde quepan todos los mundos, por un plato de comida para los changos de la barriada, por la construcción de una reino que es pueblo y se encarna desde los más pobres. ¡Gracias Madre del Dolor por tu ejemplo, porque tus lágrimas son fuerza y empuje para seguir andando!

Madre nuestra, Madre dolorosa, que cada Ave María nos encuentre trabajando por la construcción del Reino, que nos encuentre animándonos a la locura de amar hasta el extremo, luchando y animando las luchas de quienes pretenden un mundo más justo, más solidario, atravesado por el Evangelio y más lleno de Dios.


Emiliano

CULTURA DE BARRO





martes, 12 de septiembre de 2017

Nuestro Dios se hizo pueblo.

Estos días estuve caminando mucho en Rosario, y lo que pasa cuando camino mucho es que veo mucha gente. Personas que van, que vienen, que caminan o corren, todas pinchadas por la misma espina de la rutina. Lo que me llamó la atención es cómo vamos tan metidos en nosotros y nuestros quehaceres. Pareciese que las obligaciones que cada uno tiene se deben imponer naturalmente y cambiar las formas en que habitamos los espacios y, sobretodo, la manera en que nos relacionamos con nuestrxs pares. Juzgamos a lxs hermanxs con los mismos criterios que pesan sobre nosotros, pero con una exigencia altísima, sin conocer sus historias, sus alegrías, sus miedos, sus miserias.

Hoy, entre mate y mate, hojeaba el Evangelio del día y me interpeló mucho. El texto en cuestión es el siguiente (pueden encontrarlo en Lucas. 6, 1-5):
"Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: "¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?" Jesús les replicó: "¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados -que sólo pueden comer los sacerdotes-, comió él y les dio a sus compañeros". Y añadió: "El Hijo del Hombre es señor del sábado"."

Esto me parece revolucionario. ¿Cómo, en ese momento, podrían estar haciendo eso un sábado? Justamente ellos, que andaban junto a Jesús anunciando el Reino, parecían ir en contra de la ley, una ley que era fuertemente constitutiva de la identidad del pueblo judío en aquellos tiempos. ¿O no iban tan en contra?

No puedo dejar de pensar que este Dios vino a liberarnos y a incomodarnos, que nos invita a mirar a nuestro prójimo en vez de a leyes que no son cercanas al pueblo, en una demostración de estar atentos a los signos de los tiempos. Dijo Jesús: "No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor" (Mt. 5:17) ¿Entonces?

La tarea es difícil: dar de comer a lxs hermanxs. O mejor dicho, comer con los hermanos, en espacios en los que no es bien visto, como los discípulos que arrancaban las espigas todos juntos en aquel sembrado. Podemos preguntarnos ¿Qué es arrancar las espigas con las manos hoy? ¿Cuáles son las "leyes sobre el sábado" que nos están oprimiendo a abrirnos realmente a las necesidades de lxs hermanxs? ¿No somos a veces como esos fariseos, mirando siempre el error en vez de la necesidad genuina de vida?

Jesús nos hace invitaciones: a repensarnos, a replantearnos, a re plantarnos; porque sólo así -en comunión, como dijo Paulo Freire en su Pedagogía del oprimido y privilegiándonos como hijxs de Dios- podemos construir el Reino, porque es un Reino en el que cabemos todxs. Sólo así recuperaremos la dignidad que perdemos cuando aceptamos, casi sin querer, o sin darnos cuenta, lo que nos propone el mercado: la cultura del descarte, la lógica del cálculo, del "yo primero", del "algo habrán hecho", "a mí nadie me regaló nada", del progreso, de cuidarse del otro y no cuidarnos entre nosotrxs...

Sólo así, atentos a los signos de los tiempos y -aunque temiendo- acompañados por el Espíritu que nos anima, podemos estar en esto que nos pide Dios hoy. Que no nos agarre el miedo, el pudor, el privilegio de la norma por sobre lxs hermanxs, para poder decir juntos que no: a la criminalización de lxs pibxs, a la privatización de los encuentros, a la pérdida del contacto en persona, a olvidarnos de la presencia viva y vivificante del Jesús compañero, que camina con nosotros como lo hizo junto a los discípulos en aquellos sembrados de trigo.

"El hijo del hombre es dueño del sábado", y nos lo ha dado a su pueblo.

                      Juan Francisco Misuraca


miércoles, 9 de agosto de 2017

Un grito revolucionario de amor: las Bienaventuranzas

En los Evangelios resuenan fuerte las palabras que Jesús pronuncia por medio de las bienaventuranzas. Ante el dolor de los más desfavorecidos y la opresión que sufre el pueblo de Dios, no se queda cruzado de brazos y pronuncia palabras de salvación y vida eterna: las bienaventuranzas…

“Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios.
Bienaventurados ustedes que ahora tienen hambre, porque serán satisfechos.
Bienaventurados ustedes que lloran, porque reirán.
Bienaventurados ustedes si los hombres los odian, los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre…” (Lucas 6, 20-22)

Rezando en un retiro, no puedo dejar de pensar en los pibes privados de la libertad y escondidos detrás de enormes murallas y rejas, no puedo dejar de pensar en que se está debatiendo en la opinión pública la baja en la edad de imputabilidad… Pienso en esas cosas y no puedo concentrarme en la charla que nos están dando… Siento que las bienaventuranzas destrozan mis esquemas cerrados, egoístas y conformistas. 

Cristo asume el rostro y los sentimientos del pobre, del que sufre, de los últimos, de las víctimas… Sus bienaventuranzas son una Buena Nueva para los desposeídos, para los que cargan con la cruz de la indiferencia y el llanto continuo. Sin embargo no es opio, no es un remedio para ahogar penas, sino que es un grito incómodo, una piedra en el zapato, una molestia, para los que vivimos encerrados en la seguridad, en el conformismo y el ritualismo que nos deja serenos y con la conciencia de cumplir todo al pie de la letra.

Las bienaventuranzas no resisten a los matices, a los barnices que muchas veces les queremos aplicar: “pobres de espíritu” (aunque puede ser la invitación a ser humildes, pero muchas veces se usa como justificación o suavizante), “justicia de perfección y santidad”, “perdón ciego e ingenuo como sinónimo de misericordia”, entre otras síntesis que reducen y “potabilizan” el mensaje subversivamente compasivo de Jesús. 

Las bienaventuranzas y el Reino de los cielos son un grito de amor y un regalo para el pibe que pide en el semáforo, para la madre soltera que cría a sus hijos pese a la ausencia del padre y los golpes que recibe, para el pibe preso que ve pasar la vida detrás de la reja y sus sueños se ahogan en un llanto mudo, para el padre o la madre que pierden injustamente un hijo, para la prostituta que es mal vista y rebajada en su dignidad por “la gente de bien” que consume, para el flaco que gasta sus dos mangos que tiene en porquerías que lo destrozan pero le dan un rato de amnesia y consuelo… Y así, la lista sigue…

Es un desafío y un cuestionamiento continuo no “endulzar” el Evangelio y las exigencias que implica el seguimiento de Cristo… ¿Y a nosotros? ¿Qué “felices” nos queda? Participamos en esa felicidad, nos “colamos”, nos hacemos incluso santos, en tanto asumimos el mensaje de Cristo y lo intentamos hacer carne, aún con nuestras limitaciones y nuestras incoherencias. Participamos de las bienaventuranzas en tanto sentimos con Cristo, lloramos con Cristo, nos duele y nos escandalizamos con el dolor de Cristo… De ahí nace una praxis evangélica que nos hace ser dignos del Reino de los cielos, y nos hace parte del mensaje de Vida contenido en las bienaventuranzas. 

¡Bienaventurados los pibes y las pibas que se animan a dejar la comodidad y la seguridad, y se lanzan a trabajar y construir el Reino donde la vida duele y grita!

¡Bienaventurados los docentes que con dos mangos en el bolsillo salen a luchar cuerpo a cuerpo contra los prejuicios, reconociendo en cada pibe el rostro vivo de Dios!

¡Bienaventurados los que saben ver un ser humano atrás de una gorrita o un trapito!

¡Bienaventurados los que se animan a bajar al encuentro de Dios!

Y la lista sigue… ¿Te animás a escribir y rezar tus “bienaventuranzas”?


Emiliano

CULTURA DE BARRO




viernes, 14 de julio de 2017

¡Ni un pibe menos!

Corrientes (Argentina): barrio Juan XXIII, avenida popular "Mendoza al sur", sábado por la noche. Se escucha alguna que otra cumbiamba piola de fondo, jóvenes efervescentes en motos o autos yendo a la previa del baile, algunos señores ya pasados de "alegría" en la esquina del kiosco, la doña prendiéndole la velita al altar de la virgencita de Itatí en vísperas de su día. Metidos en un salón del Centro Educativo y Pastoral "Domingo y Laura" (o conocida por el común de la gente como "la domingo y laura") unos pibes y pibas, metidos viendo el documental "Ni un pibe menos".

Este documental cuenta la historia de Kevin, un niño de 9 años muerto por una bala en la cabeza, producto de un enfrentamiento de bandas de narcotraficantes en villa Zavaleta (Buenos Aires) pero también producto de la negligencia institucional de las fuerzas armadas, la cuales liberaron la zona para que esto pueda suceder, sin escrúpulos ni interrupciones, por nada más ni menos que ¡3 horas! A su término, estas fueron las resonancias que compartieron, en este espacio abierto y libre, los jóvenes del grupo juvenil Cristo Joven:

- Naila: "Me molestó mucho la actitud de la policía, la falta de respeto, me molesta porque nosotros tenemos que darles todo a ellos si nos paran en la calle -como mostrarles el documento- y ellos no nos dan nada a nosotros y son los que deberían cuidarnos. Encima este problema no pasa solo en esa villa, está pasando en todo el país, en todas las villas y los barrios más pobres se están muriendo cada vez más pibes y eso no es algo menor"
- Luquitas: "Como dice Naila, esto está pasando en toda la Argentina, no es algo de la ficción ni de las películas, nosotros lo vemos siempre. Lo que más me impresiona es la fortaleza y la fé de la familia de Kevin, como a pesar de haber pasado muchos años no dejó de luchar ni bajó los brazos nunca por su hijo"
- Miche: "Para mí no es que no nos dan nada... En su trabajo ellos están arriesgando su vida. Aun así esto me deja pensando muchas cosas..."
- Balma: "Lo que me quedó resonando es que si bien se lucha porque los responsables de liberar la zona tengan una condena porque fueron culpables, también me parece importante luchar contra el narcotráfico, ya que el conflicto empezó entre dos bandas de narcos, entonces se debería también pelear contra la droga que nos está matando a los pibes. Es impresionante -como decía Luquitas- como la familia no se calló, como la comunidad en sí se organizó y se hizo escuchar"
- Bicho: "A mí también me re impresionó como los trataban los policías a las personas, como los pegaban, encima yo quiero ser policía, me encantaría ser policía, pero eso sí, no quiero ser como esos policías, porque eso depende de la actitud de cada uno y yo no quiero ser así."
- Pablo: "Es emocionante el sentido de pertenencia a la villa de las personas que viven ahí, ellos no se quieren ir de ahí porque es su barrio y lo sienten como propio. Me pongo a pensar cuántas veces más de uno de nosotros escuchó decir o dijo en tono despectivo y denigrante: "aquél villero o aquella villera" y sin embargo ellos se sienten orgullosos de ser villeros"
- Naila: "Si, además nadie es superior a nadie porque todos somos seres humanos, nacer o vivir en una villa no te hace menos digno o menos persona que otro".
- Carlos: "Y si, pasa que ahora porque usás una capucha o una gorra ya te dicen que sos villero o chorro"

Todos estos comentarios y sentidos expresados por estos pibes y estas pibas son la muestra fiel del entramado socio-cultural y político que nos toca transitar,  de esta coyuntura histórica que nos atraviesa como comunidad barrial, vecinal, pastoral, como ciudadanos y ciudadanas, cómo seres humanos esporádicos, pero no por eso inherentes o inmunes a todas estas problemáticas tan complejas.

Hoy, en el marco de una sociedad que cada vez se va sometiendo más a aquél "acostumbramiento" del que nos hablaba el padre Mujica en su oración[i], nos tenemos que atrever a esto: a no callar, a generar, posibilitar y animar espacios de discusión, de encuentro, de debate, sin la presunción de que solo es mi idea la correcta y descartar la del otro u otra que también vive como yo, que pisa el mismo barro que yo, que también camina una utopía, también sueña y también se indigna y se estremece ante las injusticias sociales.

Que prime en nosotros la discusión política/pastoral en nuestras comunidades, nuestros grupos juveniles y movimientos no sólo es necesario en los tiempos que corren sino es vital e indispensable para no caer de lleno en el abismo sin fin de una "pastoral sin olor a oveja". Es decir, para no caer en la idea de que lo político, lo cultural y lo religioso son tres polos separados que no concuerdan ni se entrelazan ni tienen que ver con nuestro laburo en el barrio.

Como escribe José Piguillem (sacerdote del movimiento de curas tercermundistas) en el libro "Buscando el reino" de Marta Diana: "Al seguir a Jesús, el sacerdote hace una opción radical por sus enseñanzas sobre la igualdad, la solidaridad, la paz y la fraternidad, que son opciones políticas". Así -y para terminar- no podemos dejar de esperar contra toda esperanza desde la lógica del Reino por un mundo, un país, un barrio y una casa un cachito más humanos. Esperamos lo imposible. Esperar sólo lo inmediato, lo que está al alcance de nuestras manos, no es esperanza, es mero cálculo

Pablo Salinas



[i] http://www.elhistoriador.com.ar/frases/la_resistencia/padre_mugica.php