domingo, 16 de abril de 2017

Signos pascuales, de redención y esperanza

"Caminamos por Él, Horizonte y Camino.
Hijos de un mismo Padre,
nacidos de Su Muerte,
memoria de Él y de Ellos,
¡celebremos la Pascua!"

"Los mártires de la andadura del Pueblo" - Mons. Pedro Casaldáliga

     Signos pascuales, que se renuevan en cada paso. Porque cantar fuerte que Él hace nuevas todas las cosas, no es un lindo slogan, sino una realidad que se concreta a través de tantxs que luchan por un mundo mejor.
     Signos de redención, porque la exclusión, la muerte, el olvido, no tienen la última palabra.
Acompañar a muchxs a bajar de las cruces de hoy, no es una utopía irrealizable, sino un sueño posible aquí y ahora.
     Signos de esperanza, porque anunciar Pascua, es decir Paso a la vida; posibilidad de nuevas formas de estar, vivir y compartir como hermanxs. Signos pascuales, de redención y
esperanza, donde el yuyito brota, despacio y silencioso, pero un día robusto y decidido, es capaz hasta de mover la piedra.

¡Feliz Pascua de Resurrección!


     


     Agradecemos a todos los apostolados que compartieron sus Vidas con nosotros para la realización de este video:

- Oratorio Don Bosco, General Acha.
- Oratorio Los pibes de Don Bosco, Bahía Blanca.
- Proyecto Pibe, La Plata.
- Casa Oratorio Don Bosco, Córdoba.
- Batallón 49 General Belgrano, Paraná.
- MJS Sagrado Corazón, La Plata.
- Oratorio Don Bosco, Villa Golf.
- San Antonio de Padua, Córdoba.
- Oratorio Medalla Milagrosa, Pérez.
- Oratorio San José, Funes.

Música: Vida en abundancia - Coro Pascua Joven


Melina y Gustavo

CULTURA DE BARRO

sábado, 15 de abril de 2017

"Esperar, ¿qué esperar?"

Hasta el último papel se firmó. Parece que está todo.
Redoblamos el esfuerzo, ahora queda esperar de cierto modo.

Ese proyecto es para lxs pibxs, deberían de aprobarlo,
Mejor no nos confiemos,  sigamos esperando.

Una puerta que se abre, solo llaman al de al lado.
¡La pucha che!  ¡Nunca van a tirar algo pa’ estos pagos!

De repente alguien sale, se oye una voz gruesa.
Tensa la sangre, eriza la piel. 
Solo es un empleado,  quejándose porque no llega a fin de mes. 

La última luz se apaga, parece que hoy no es el día.
Vamos muchachada, rumbiemos pa’ la vía.

A caminar se ha dicho. Tal vez mañana sea el momento.
No perdamos la esperanza, van a ser más que un par de bolsas de cemento.

Es tempranito y salimos pa la oficina. Mate en mano, sueños que caminan.
Es tempranito y algo distinto tiene el cielo.
¿Será que hoy puede ser nuestra Pascua?
Desde el baldío a un lugar nuestro.

       Al decir de Jon Sobrino, “tener una esperanza para las víctimas es la primera exigencia de la resurrección de Jesús para nosotros, pero también lo es participar en ella. Ser capaces de hacer nuestra su esperanza, estar dispuestos a trabajar por ella, aunque eso nos haga víctimas a nosotros mismos, es principio hermenéutico insustituible".

       La esperanza como columna vertebral de nuestras comunidades nos permite no aflojar ante la desolación; y seguir insistiendo con el mismo ánimo, la misma fuerza y el mismo amor, para poder forjar presentes mejores, para poder soñar con futuros posibles. "Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo" (Romanos 5,5). 


       La esperanza nos sostiene a todxs, ante realidades que pintan un Viernes Santo eterno. Aunque tal vez, el dolor no nos deje ver bien y ya sea sábado; y  allí a la vuelta de la esquina, esté nuestra Pascua, nuestro Paso tan esperado. 


Gustavo

CULTURA DE BARRO






viernes, 14 de abril de 2017

"Del mismo dolor, vendrá un nuevo amanecer"

Podríamos decir que al escuchar las palabras “Viernes Santo”, de entre las miles de imágenes que se nos pueden venir a la cabeza, la cruz podría ser la más recurrente de ellas. Y con la imagen de la cruz, también vienen las experiencias y situaciones de dolor, de sufrimiento, de muerte, de violencia, de injusticia. Al contemplar la imagen de la cruz, no podríamos no contemplar la cantidad de viernes santos que acontecen todos los días a tantos y tantas: porque nos duele la aparición sin vida de Mica García y de tantas mujeres víctimas de la violencia de género, porque nos duele la represión violenta del estado a los docentes que reclaman sus derechos, porque nos duelen los jóvenes que son violentados fruto del abuso de poder de un código que condena por portación de rostro, porque nos duele el atropello de más de 500 años a nuestros hermanos de los pueblos originarios, porque nos duele la explotación y el sometimiento de nuestra madre Tierra que solo parece estar al servicio del mercado, porque nos duele el hambre y la opresión, de entre innumerables dolores que nos habitan.

Pareciera que ante tanto viernes santo, no queda lugar para el domingo. Pero ante tanto dolor e impotencia de no saber qué hacer, Dios se nos adelanta con una buena noticia: creemos en el Dios que ama a su humanidad. Y la buena noticia sigue, porque este Dios no ama desde un pedestal: a este Dios humano en el que creemos, a este mismo Dios que murió en la cruz, le duele lo que nos duele. A este Dios le duele Mica y las tantas desconocidas víctimas de femicidio, le duelen los gurises víctimas de este sistema que los excluye a las periferias, le duele la represión a docentes y estudiantes, le duele la corrupción de los mandatarios y poderosos que solo buscan enriquecerse, le duele el prejuicio que nos atropella unos contra otros, le duele la ignorancia y el individualismo del “sálvese quien pueda”.

A este Dios de la cruz, no le es indiferente ni mi dolor ni el de los demás. Nos consuela, no porque alguien le contó en algún rezo perdido lo mucho que podemos llegar a sufrir los seres humanos, sino que nos consuela porque sabe desde sus entrañas lo que es el sufrimiento, la traición, la injusticia, el abuso de poder.

Monseñor Romero, que bien supo de viernes santos, decía en marzo del ’78: “cuando en estas jornadas de Semana Santa lo miremos a Cristo humillado bajo el peso de la cruz, no lo olvidemos, digamos desde el fondo de nuestra fe: aunque se parece a mí, que va sufriendo, es el Señor, y aunque yo me parezco a Él llevando la cruz, participaré de su Gloria; Él no ha pasado solo el túnel doloroso de la tortura y de la muerte, con Él va pasando todo un pueblo y resucitaremos con Él”.


            Quizás así tenga un poco más de sentido atravesar este viernes santo, aferrándonos a la certeza de que JUNTOS vamos a resucitar. Que en las experiencias de viernes santo que vamos atravesando en el andar del camino, podamos encontrar el consuelo y el abrazo de un Dios que conoce en carne propia nuestros dolores y nuestras muertes. Que podamos aferrarnos a la esperanza del domingo, tan inseparable del viernes, de que como canta Cerati “del mismo dolor, vendrá un nuevo amanecer”. Y con el amanecer, la Vida Nueva y el Reino. 



Julieta

CULTURA DE BARRO







jueves, 13 de abril de 2017

Jueves Santo: diálogo con Jesús servidor.

Es jueves santo, comienza el triduo pascual, la cuenta regresiva para que la Vida destroce a la muerte, la Justicia rompa la corrupción, la Esperanza le cante el vale cuatro a la resignación. Es jueves, y queremos compartirte algunas cosas Señor, algunas preguntas, algunas lágrimas y unas pocas sonrisas rebeldes, que brotan desde el barro que vos pisaste y convertiste en sagrado.

Perdonanos Señor, no nos tildes de zurdos, subversivos o chamuyeros, pero nos duele la realidad, nos golpea. No podemos apartar de nuestra cabeza algunas imágenes: educadores docentes reclamando ser tratados dignamente, mujeres muertas a causa de la más cruda y fría violencia, pibes y pibas en condiciones inhumanas que parecen no tienen derechos humanos detrás de las rejas, barriadas inundadas y azotadas por la naturaleza que grita dolorida, capítulos siempre nuevos de corrupción y robo dentro la política, marchas y contramarchas en un pueblo dividido y antagónico. En esta realidad, ¿hay tiempo para celebrar la Semana Santa? ¿Qué tiene esta “semana mayor” de los cristianos para calmar tanto llanto de un pueblo que sangra?

Sin embargo, es Jueves Santo, y por tu corazón pasan otras cosas. Tenés tiempo de preparar una cena, la última. Nos imaginamos esa escena. Sabías lo que se te venía, sabías que la muerte estaba acechando tus pasos a la vuelta de la esquina, sabías que a tu lado comía un traidor, sabías que era el “último” rato con tus amigos. Sin embargo, no te diste un banquete, no armaste una fiesta multitudinaria, solo pan y vino.

Nos regalaste desde la sencillez de una cena, tu cuerpo y tu sangre, nos regalaste la Eucaristía, que nos congrega para rezar en comunidad, para llenarnos de fuerza, para llenarnos de Vos y salir al encuentro de los más necesitados. Pero no te quedaste ahí. Hubiese sido todo más fácil. ¿Por qué se te ocurrió también el gesto revolucionario de abajarte y lavar los pies a los más sencillos? Al final, el jueves santo no es solo la institución de la Eucaristía, sino también la institución del Servicio. Las dos juntas, inseparables: Eucaristía y Servicio, Servicio y Eucaristía. Era más fácil vivir una “fe de Domingos por la tarde”, pero quisiste “complicarla”, no alcanza solo con la oración por los demás, por más que es necesaria y vital.

Comulgar es volvernos un poco más parecidos a Vos, es sintonizar con tu corazón, con tus búsquedas, con tus sueños, con tus luchas, con tus opciones, con tus ideales. Compartir la Eucaristía es abrazar el Servicio, es dar la vida por los “insignificantes”, por los “últimos”, por tus preferidos: los pobres y los que más sufren. Aunque nos cueste entender la locura de tu amor, queremos ser hostias vivas, queremos jugárnosla por el Reino, aquí y ahora.

En definitiva, no entendemos por qué dar la vida por los demás, luchando hasta el último suspiro por la dignidad de todos tus hijos, cuando los que a Vos te aplaudieron y ovacionaron, después huyeron corriendo, te traicionaron, te negaron, te asesinaron… Sin embargo, no dudaste al decir “no los llamo siervos, yo los llamo amigos”. No entendemos por qué la urgencia de luchar por la verdad y la justicia, cuando tu muerte en la cruz es la injusticia más grande la historia… Sin embargo te hiciste solidario con todos los crucificados de la historia.

Quizás no se trate tanto de entender, sino de sentir cómo vos… Dar la vida no es un concepto lógico, es justamente la ilógica del Reino, no es una idea sino que es una acción, es verbo. Dar la vida no se piensa, se siente, se juega, se apuesta, se vive… No es un cálculo matemático, no son estadísticas vacías. Es una opción.

Hoy jueves santo, regalanos la gracia Señor de no claudicar ante la utopía del Reino, porque el mismo se hace realidad cuanto tú cuerpo y tú sangre, nos hacen arrodillar ante el pobre para lavarle los pies, conscientes que en el Servicio por los más sufrientes te haces verdadera Eucaristía.


Emiliano

CULTURA DE BARRO


domingo, 2 de abril de 2017

Gustar y atravesar el desierto de la cuaresma.

No es fácil hablar del desierto, ya que lo primero que se viene a la cabeza es sed, sequedad, arena, calor, soledad, incertidumbre, caminos largos, médanos inquietos, silencio. Sin dudas que la experiencia de desierto resulta dura e inquietante. Cuaresma se presenta como el paso de Jesús por el desierto, y dicha experiencia se nos propone a todos los creyentes. Sin embargo, a la luz del Evangelio el desierto se resignifica, se vuelve un espacio/momento duro, pero siempre necesario para el encuentro privilegiado con Dios.

El desierto como espacio para re-enamorarnos de Dios.
Dice el libro de Oseas: “Yo la volveré a conquistar, la llevaré al desierto y allí le hablaré de amor” (Oseas 2, 16). En el texto habla de la necesidad que tiene Oseas de volver a enamorar a su amada, que lo ha traicionado, como el pueblo traicionó a Dios.
Desde esta mirada, el desierto se transforma en una experiencia necesaria para enamorarse o re-enamorarse de Dios, se presenta como lugar/momento para escuchar un susurro de amor, para experimentar una caricia de Dios, para experimentar su abrazo de Padre y Madre. En el desierto, lejos de muchas “distracciones”, uno puede afinar los sentidos y dar espacio al encuentro personal con Dios Amor. Así como cualquier matrimonio o pareja necesita espacios personales, de intimidad y cariño para re-enamorarse continuamente, el desierto se transforma en lugar para el encuentro personal y cara a cara con Dios Amor.

El desierto como experiencia de escucha de Dios.
Un fragmento del primer libro de los Reyes narra: “Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida (…) Caminó por el desierto todo un día y se sentó bajo un árbol (…) Entonces se le dijo: “Sal fuera y permanece en el monte, esperando a Yavé; pues Yavé va a pasar”. Vino primero un huracán tan violento que hundía los cerros y quebraba las rocas delante de Yavé. Pero Yavé no estaba en el huracán. Después hubo un terremoto, pero Yavé no estaba en el terremoto. Después brilló un rayo, pero Yavé no estaba en el rayo. Y después del rayo se sintió el murmullo de una suave brisa. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: «¿Qué haces aquí, Elías” (1 Reyes 19, 1-13)
Vale la pena leer el texto entero, donde se lo ve a Elías disparar al desierto lleno de miedo porque quieren matarlo. Allí un Ángel lo despierta y lo invita a comer y beber para esperar el paso de Dios. Elías espera y se sorprende que Dios no esté en apariciones aparatosas o ruidosas, sino en el murmullo de una suave brisa.
Desde esta clave se vuelve necesario acallar tanto ruido, tantos discursos vacíos, tanto “bla, bla, bla” estéril y violento, para afinar los oídos y escuchar la voz de Dios que pasa en la suave brisa. Aturdidos por los gritos de la violencia, de las injusticias, de discursos vacíos, por tanta publicidad engañosa, se vuelve necesario sintonizar la frecuencia que nos conecta con esa brisa suave que nos saca de la alienación y nos devuelve al Centro, a lo más importante.

El desierto como lugar para afirmar, palpar y ver a Dios.
En el Evangelio de Mateo, se narra como el Espíritu Santo empuja a Jesús al desierto, para dar paso a la escena de las tentaciones: “Luego el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo” (Mt. 4, 1-11). La escena de las tentaciones de Jesús es bien conocida por todos, por lo cual desde esta mirada, el desierto se vuelve un espacio para reafirmar la presencia de Dios, pero no solo para eso, sino para palparlo y ver su acción concreta en la vida.
El Espíritu conduce a Jesús al desierto, un lugar negado y donde uno no quisiera estar, por lo cual podemos pensar que el Espíritu hoy nos conduce a las barriadas, desiertos en medio de la ciudad, negados, tapados con gigantes muros e invisibilizados. Allí aparecen las tentaciones de salir corriendo, de no sentir el dolor de la gente, de ser inmune ante la violencia ejercida hacia los pibes y las pibas de los barrios, de ser ajeno al mercado sucio y asesino del narcotráfico, entre otras, sin pensar que la barriada es oportunidad de afirmar la presencia de Dios.
El Dios que eligió hacerse hombre en el rancho, entre los pobres y olvidados, se nos muestra allí de manera privilegiada para palparlo y verlo. Pero no se trata solo de una contemplación, de un sentimiento, de una seguridad, porque Jesús no se queda en el desierto, sino que vuelve con toda la fuerza para poner manos a la obra en una praxis liberadora de su pueblo. Por ende, el desierto se vuelve espacio para reafirmar la presencia de Dios y comprometerse en la tarea liberadora.

Para seguir pensando: 

o   ¿En qué desiertos Dios me llama, me habla y me invita a renovar mi compromiso con Él?

Emiliano

CULTURA DE BARRO


domingo, 12 de marzo de 2017

"Este es el ayuno que ama el Señor"

Uno de los textos más significativos y actuales que nos regala la Palabra de Dios en este tiempo de Cuaresma -al menos en mi experiencia personal- es el capítulo 58 de Isaías, conocido por una afirmación tan clara cómo desafiante: “¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? (Is, 58, 5) […] Este es el ayuno que yo amo: soltar las cadenas injustas, compartir tu pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo” (Is. 58, 6-7)

El libro de Isaías es uno de los que más influencia ha tenido en el Nuevo Testamento así como también es uno de los libros cuyo mensaje es más cercano a la propuesta del Reino anunciada por Jesús. Este capítulo 58 pone en tela de juicio una de las prácticas más tradicionales de la religiosidad judía: el ayuno. Uno de los biblistas más importantes de habla hispana, Xavier Pikaza, nos dirá relacionando este texto con el programa del Evangelio y la propuesta del Reino de Dios que: “Jesús no ha sido promotor de ayunos, no ha querido reprimir a base de ley los malos instintos de los hombres, sino que se ha presentado como amigo universal de los pobres y caídos […] iniciando con su entrega una nueva forma de cuaresma: la solidaridad”.[1]

Teniendo en cuenta esto, me tomé el atrevimiento de pensar, reflexionar, rezar y tratar de ponerle palabras a una pregunta que me resonaba en el corazón: ¿qué nos diría Dios hoy a nosotros en este texto de Isaías 58? Lo que salió fue algo así:

¡Querido hermano, querida hermana! ¡Que no te coman la voz! Ponele valientes palabras a la dramática injusticia que hemos construido como humanidad. Denunciá las estructuras de pecado que oprimen hasta la muerte a tantos hijos y tantas hijas de Dios. Hablá sin miedo de la sangre que se derrama en nombre del dinero, que se erige como el dios alrededor del cual se organiza el mundo. Hacelo sin miedo, con el coraje de quién se siente amado, impulsado y sostenido por el Dios de la Vida, Padre y Madre del mundo que modeló con tanto amor y cariño.
Sedientos de tu compasión y de tu justicia te buscamos Señor. ¿Cuáles son los caminos que nos llevan a Vos? Sabiendo que confías y contás con nuestra libertad te preguntamos: ¿cuál es tu voluntad en este tiempo de hambre y dolor, de pobreza y represión, de injusticia y de falta de amor? Si rezamos y te adoramos todos los días. Si vamos a misa todos los domingos. Si bautizamos a nuestros hijos y nuestras hijas y nos decimos creyentes. Si confesamos nuestros pecados y nos golpeamos el pecho por nuestra culpa, nuestra gran culpa. Si ayunamos, si los viernes de cuaresma no comemos carne. Si celebramos los sacramentos sin saltearnos ni una coma de lo que dicen los canones ¿Por qué no lo reconocés?
¿Sabes por qué? Porque el mismo día que vas a Misa le cerrás el vidrio del auto al pibe que te pide una moneda por cuidarte el coche. Porque el mismo día que me adoraste alejaste, en medio de regaños y excusas, a la piba que te quería limpiar el vidrio. Porque el mismo día que me rezaste maltrataste a tu hijo, tu hija, a tu empleada o empleado, a tu mujer o a tu marido. Porque el mismo día que te golpeaste el pecho hiciste un gran negocio para acrecentar tu fortuna sin pensar en el que más necesita. Porque el mismo día que ayunaste contrataste a alguien en negro, le pagaste menos del salario mínimo o le regateaste las vacaciones. Porque el mismo viernes que no comiste carne comentaste en Facebook que a esos pibes había que matarlos a todos, había que encerrarlos a los catorce años… y que esas pibas se embarazaban para cobrar un plan.
¿Es este el ayuno que yo amo? ¿Afligirte a vos mismo mientras la vida del que sufre te pasa por al lado, como si fuera invisible? ¿A eso lo llamás ayuno y día aceptable al Señor? Este es el ayuno que yo amo: que crezcas en solidaridad, que puedas compartir los bienes con los que menos tienen. Que seas instrumento de liberación para los oprimidos del mundo. Que rompes las cadenas que atan a tantos hermanos y tantas hermanas a la indignidad, al sufrimiento, al dolor. Que te preocupes de los pobres, los que no tienen techo, los que pasan frío y hambre. Qué cuides con el corazón al pibe o a la piba que te limpia el vidrio, que te cuida el auto. Que apuestes por la misericordia y la compasión con quiénes te hicieron daño. Que reconozcas que los chicos y las chicas más pobres no son peligrosos, sino que están en peligro. Que aprendas de ellos y ellas, es más: que te dejes convertir por ellos y ellas. Que le tires una moneda al borracho de la peatonal, pero qué también te acerques y le preguntes qué le anda pasando. Que apuestes por la pedagogía de la mediación y de la ternura –qué es la que te revelé en el Evangelio-  y no por las prácticas de estigmatización y represión.
Entonces llamarás y el Señor te responderá en cada una de esas situaciones ¡AQUÍ ESTOY! Si ponés en práctica todo esto, alcanzarás la luz en la oscuridad, la felicidad de aquellos y aquellas que hoy sufren. Sólo así encauzarás tus trayectorias por el camino del Reino de Dios. Sólo así serás pleno, sólo así serás feliz. Ayudarás a construir un mundo nuevo y te llamarán “el tendedor de puentes”, “el edificador de un mundo mejor”.

En medio de tiempos difíciles para la vida de nuestro país y de nuestro continente, “la Palabra de Dios, siempre viva y eficaz, que penetra hasta la raíz del espíritu y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb., 4:12) nos marca cuál es el criterio central de esta “conversión” a la que nos invita el tiempo de Cuaresma. En medio de tiempos difíciles dónde se ha puesto de moda hablar de la “brecha” que divide a unos de otros, ojala que todos los cristianos y cristianas del mundo seamos, cómo dice Isaías, “llamados Reparador de brechas, Restaurador del moradas en ruinas” (Is. 58, 12).


Mauro.

CULTURA DE BARRO.







[1] Pikaza, X. (2010). Cuaresma: meditación bíblica. Disponible en blogs.21rs.es/Pikaza/2010/02/16/cuaresma-meditacion-biblica/

domingo, 26 de febrero de 2017

¿Quién dijo que todo está perdido?

Durante el mes de enero, después que terminábamos de cenar, varias veces nos quedábamos un rato tomando un tecito y haciendo un poco de zapping entre distintos programas de noticias que pasaban en la televisión. Me llamaba la atención qué, dados algunos hechos que sucedieron en ese mes, los jóvenes –sobre todo los pertenecientes a sectores más populares-, aparecían como centro de la escena de muchos de estos programas.

El denominador común que se repetía una y otra vez en el tratamiento mediático de esta temática era la construcción de una mirada profundamente pesimista sobre la vida de los pibes y las pibas: unas veces aparecían como culpables de complejas problemáticas sociales, otras los presentaban como las personas que siempre hacían las cosas mal y hasta pudimos escuchar a “respetados periodistas” calificando a la juventud cómo generación perdida. En la misma sintonía, cómo todas las calificaciones acerca de los jóvenes eras negativas, se presentaban a continuación propuestas para “resolver” la aparente problemática de la juventud perdida. Todas coincidían en una cosa: se trataba de propuestas centradas alrededor del castigo, las lecciones ejemplificadoras y las propuestas represivas como métodos educativos.

Mientras seguíamos haciendo zapping e ¿informándonos?, iba constatando la total actualidad de una afirmación que realiza una de las sociólogas de la juventud más reconocidas de nuestro país: Mariana Chaves. Ella dice que en nuestro país la imagen que se construye alrededor de los jóvenes, fundamentalmente en los medios de comunicación, es la de “una “juventud que está negada o negativizada”[i]. Es decir se los presenta de dos formas: o no suman a la construcción de una sociedad mejor, o construyen cada día una sociedad peor.

Ahora bien, también durante el mes de enero tuve la posibilidad de compartir con muchísimos pibes y pibas de nuestras obras salesianas que se encontraban animando diversas actividades en las vacaciones: oratorios de verano, colonias, campamentos, pre campamentos, vacaciones comunitarias, días de pileta, tardes de deporte. Por lo tanto al mismo tiempo que escuchaba estas noticias, me tocó contemplar:
  • Pibes y pibas qué de lunes a viernes, mañana y tarde, ponían su vida a disposición de otros jóvenes animando colonias para pibes del oratorio.
  • Pibas y pibes qué gastaron sus únicos días de vacaciones para animar un campamento, una semana de colonia, para ir a un retiro o a un encuentro formativo…y muchos que llegaron un domingo a la madrugada y el lunes ya arrancaron a laburar.
  • Pibes y pibas que pasaron a descuento una semana de trabajo para animar, cuidar y acompañar a otros en distintas experiencias de verano.
  • Pibas y pibes que durante muchos días no dormían más de cuatro horas para que otros más chicos puedan disfrutar de un paseo, un campamento, un acantonamiento, una experiencia de formación.
  • Pibes y pibas que llevaban comida a la canasta pero terminaban almorzando galletitas con paté para que los más chicos puedan comer bien.
  • Pibas y pibes que trabajaban ocho horas y salían volando para el Oratorio o el Batallón para dar una mano hasta entrada la noche.
  • Pibes y pibas que resignaron salidas, días de playa o de pileta, aire acondicionado o juntadas con amigos para servir a los que más necesitan.
  • Pibas y pibes sin voz y con mucho sueño por animar los juegos para que se diviertan los chicos y puedan pasar un lindo día.
  • Pibes y pibas de no más de 25 años haciéndose cargo de otros 150…llevándolos de campamento a 1000 km de distancia, manejando responsable y criteriosamente mucho dinero, tomando decisiones importantes en relación a la vida de los pibes que animaban y cuidando a sus chicos como si fueran sus hijos…y a padres dejarlos ir con la confianza plena que genera el laburo de todo el año.
Difícilmente todo esto lo encontremos en esos programas de televisión dónde la juventud es constantemente “negada y negativizada”. Pero muchos y muchas de nosotros podemos palparlo en nuestra cotidianeidad que intenta construir el Reino de Dios al estilo de Don Bosco. Así como a mí me tocó contemplar con alegría todo esto, estoy seguro que vos también pudiste hacerlo durante todo el verano. Por eso, frente a tantas malas noticias, contemplar la presencia de Dios en tantos animadores y animadoras que le ponen el cuerpo al cuidado de la vida de los más frágiles me hacía resonar en el corazón la tan conocida canción de Fito Páez… ¿quién dijo que todo está perdido? Con pibes y pibas así, claro que no lo está.

Mauro

CULTURA DE BARRO







[i] Chaves, M. (2005). Juventud negada y negativizada: representaciones y formaciones discursivas vigentes en la Argentina contemporánea. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=s0718-22362005000200002&script=sci_arttext.