miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿Se puede creer en Dios y en Jesús, sin creer en el Dios de Jesús?

No puede dejar de impactarme ver muros de Facebook dónde, luego de compartir una foto de esas bien romanticonas de Jesús o alguna frase del Evangelio del día, aparezca una publicación apoyando la expulsión de extranjeros de nuestro país. Me cuesta creer que en grupos de Whatsapp parroquiales podamos intercalar fotos románticas de jesuses milagreros a la vez que nos envíanos publicaciones donde despreciamos y estigmatizamos a los hermanos y hermanas más pobres. Me impacta encontrarme con personas de misa dominical (o incluso diaria) que no tendrían reparos en condenar, encarcelar o hasta asesinar a la porción privilegiada de vida que nos confío Dios: los pibes y las pibas más pobres.

En medio de este escenario tan complejo que nos toca vivir asolaron sorpresivamente una buena cantidad de preguntas acerca de la fe. ¿En qué Dios creo? ¿En qué Dios creemos? ¿Qué Dios anunciamos? ¿Creemos en el Dios de Jesús? ¿En su propuesta del Reino? ¿Se puede creer en Dios y en Jesús sin creer en el Dios de Jesús? ¿Podemos creer en Dios y no en el hombre? ¿Podemos sostener nuestra fe a la vez que defendemos, sin ponernos colorados, tantas propuestas que atentan contra la dignidad e incluso la vida del hombre? ¿Acaso la fe no consiste también en una mirada concreta sobre el mundo, desde la vida de Jesús?

Estas y otras tantas preguntas me fueron animando a intentar ponerle algunas pocas palabras a mi experiencia actual de fe. Creo que construimos nuestra subjetividad y nuestra fe a medida que la narramos y resignificamos…y creo también que compartir estas experiencias enriquece nuestra relación con Dios. Soy consciente también qué es muy difícil ponerle palabras a algo tan íntimo y sagrado como nuestra experiencia de fe. Es algo sobre lo cual apenas podemos decir alguna palabra, dónde a veces es mejor recurrir al silencio. Pero me duele esta situación y por eso ahí va un sencillo y seguramente insuficiente intento.

Hoy creo que, desde Jesús y el Dios que anunciam se puede entender la fe cómo…
  •          Confianza en la misericordia, la fidelidad y la bondad de Dios.
  •           Un regalo que me da fuerza para construir el Reino y afrontar la vida cotidiana.
  •           Una experiencia que me sostiene, que me funda.
  •           Fuente de esperanza y de vida
  •           Impulso creativo y libre en búsqueda de la plenitud.
  •           Inspiración en la lucha por la justicia propia de la construcción del Reino.
  •          Un encuentro con Otro en los hermanos y hermanas más pobres, en nosotros, en el mundo, en nuestras profundidades más hondas.
  •          Una opción concreta y real por los más pobres y desfavorecidos del mundo desde la cual intentamos construir un mundo nuevo habitado por la justicia, la paz y la igualdad.
  •           Un horizonte de sentido desde el cual leer la vida, el mundo y la realidad.
  •           Un proyecto de liberación y de humanización plena.
  •           Una búsqueda constante de “dejarse amar y sostener” para intentar “amar y sostener”.
  •           Un don de Dios para cambiar el mundo.
  •           Un amor personal, apasionado y compasivo de la persona concreta de Jesús.

También, creo que la fe hoy no puede ser...

  •           Cumplimiento
  •           Intimismo.
  •           Ritualidad vacía.
  •           Deber ser.
  •           Una experiencia que coarta la libertad y la plenitud del hombre.
  •           Una mochila más pesada de la que podemos cargar.
  •           Decirle al otro lo que tiene que hacer o tiene que pensar.
  •           Una visión moralizante de la vida.
  •           Magia o soluciones inmediatas para los problemas.
  •          Una experiencia que te descompromete con los dolores concretos de los hermanos y las hermanas más pobres.

Decía San Ireneo que “La gloria de Dios es que el hombre viva”. En el mismo sentido, el apóstol Santiago nos recuerda: “Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta”. (San, 2, 15-17). Ojalá que no construyamos espiritualidades desconectadas del sufrimiento del mundo y que, como Jesús, nuestra intimidad con Dios nos ayude a tener una mirada compasiva, misericordiosa y transformadora del mundo, jugándonos la vida por los hermanos y las hermanas que más sufren.


Mauro

CULTURA DE BARRO


lunes, 18 de septiembre de 2017

Madre del dolor, ¡ayudanos a caminar!

El domingo por la mañana tuvimos en la capilla del barrio las fiestas patronales de María al pié de la Cruz, o la también llamada, Madre Dolorosa. Mientras andábamos las pedregosas calles de la barriada, a la luz de un caluroso sol y rezando los dolores de nuestra Madre, muchos rostros brotaban en cada Ave María, el recuerdo de algunas lágrimas, y la imperiosa necesidad de ponerle palabras a algunos gritos mudos. 

El primer dolor recuerda la profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús, cuando le avisa a María que una espada de dolor iba a atravesar su alma. Afloran en el Ave María, los rostros de tantas madres que con impotencia lloran la pérdida de sus hijos, son testigos del dolor que padecen… Pienso en cada una de las madres que se auto-convocan para luchas contra la espada del paco, de la cocaína, de las porquerías que matan a sus pibes y pibas, de la trata de personas, de la violencia de género. María con su dolor, se hace solidaria de tantas madres que lloran y sufre. 

La huida a Egipto, con José y Jesús a cuesta, constituye el segundo dolor. La Madre de Dios y Madre nuestra se hace solidaria con todos los condenados de la historia a vivir en el margen, en las periferias, se hace solidaria con todos aquellos que tienen que dejar sus raíces en búsqueda de una moneda que permita ganarle al día a día, se hace solidaria con los refugiados, los expulsados de este sistema que son marginados a vivir en condiciones indignas y deshumanizantes. María, la madre de Dios que vio nacer y crecer a su hijo en la villa, es víctima, perseguida y refugiada. 

El tercer dolor hace referencia a la pérdida de Jesús, cuando éste estaba en el templo. Tres días de buscar, de sentir que su hijo se había perdido. Te haces solidaria Madre nuestra, con las abuelas y las madres que todavía albergan la esperanza de encontrar a sus nietos y sus hijos desaparecidos en la dictadura, te haces solidaria con la familia Maldonado, te haces solidaria con la familia de Marita Verón, te haces solidaria con cada una de las familias que esperan día tras día abrazar con fuerza a algún ser querido que nunca regresó, sea cual sea la circunstancia o los motivos. Te haces solidaria Madre de las lágrimas, con el llanto desconsolado de cada mamá que despide a su hijo luego de visitarlo en la cárcel y no poder llevarlo consigo a casa, con el llanto de la familia que pierde algún ser querido por la inseguridad. Vos Madre de los últimos, conoces la miseria humana a fondo, mataron injustamente a tu hijo, gracias por hacerte solidaria y animar nuestras búsquedas. 

Los últimos cuatro dolores, recuerdan el encuentro con Jesús camino a la cruz, la crucifixión de Jesús y la agonía, la lanza que atravesó su costado y recibir en brazos a Jesús muerto, y por último, el entierro de Cristo y la soledad de nuestra Madre. Vos más que nadie Madre querida, sabes lo que es el dolor de la muerte injusta, el dolor humillante de la cruz.

En cada Ave María aparecen los rostros desfigurados de pibes y pibas consumidos por la cruz de la droga, aparecen rostros demacrados por el hambre y la injusta repartición de bienes que hace crecer el número de los expulsados del sistema, aparecen rostros castigados por el trabajo infantil, por la explotación sexual o por el “muleo”. En cada uno de estos rostros, se transfigura el rostro de tu Hijo, Madre, porque él quiso ser solidario con todos los crucificados de la historia y resignificar el dolor de los últimos al no bajarse de la cruz, al no esquivar el dolor, aunque tuvo miedo y mucho. Vos, Madre, la incondicional, no te borraste tampoco… Solo vos sabes el dolor que atravesó tu corazón, y sin embargo, resististe a los pies de la cruz, resististe a abrazar a tu hijo asesinado. De tu corazón brotó fuerzas para resignificar lo que estabas viviendo, brotó fuerzas para no borrarte, brotó fuerzas para hacerte solidaria también con los crucificados de la historia y con tantas madres del dolor que luchan día a día por justicia, por claridad, por un mundo donde quepan todos los mundos, por un plato de comida para los changos de la barriada, por la construcción de una reino que es pueblo y se encarna desde los más pobres. ¡Gracias Madre del Dolor por tu ejemplo, porque tus lágrimas son fuerza y empuje para seguir andando!

Madre nuestra, Madre dolorosa, que cada Ave María nos encuentre trabajando por la construcción del Reino, que nos encuentre animándonos a la locura de amar hasta el extremo, luchando y animando las luchas de quienes pretenden un mundo más justo, más solidario, atravesado por el Evangelio y más lleno de Dios.


Emiliano

CULTURA DE BARRO





martes, 12 de septiembre de 2017

Nuestro Dios se hizo pueblo.

Estos días estuve caminando mucho en Rosario, y lo que pasa cuando camino mucho es que veo mucha gente. Personas que van, que vienen, que caminan o corren, todas pinchadas por la misma espina de la rutina. Lo que me llamó la atención es cómo vamos tan metidos en nosotros y nuestros quehaceres. Pareciese que las obligaciones que cada uno tiene se deben imponer naturalmente y cambiar las formas en que habitamos los espacios y, sobretodo, la manera en que nos relacionamos con nuestrxs pares. Juzgamos a lxs hermanxs con los mismos criterios que pesan sobre nosotros, pero con una exigencia altísima, sin conocer sus historias, sus alegrías, sus miedos, sus miserias.

Hoy, entre mate y mate, hojeaba el Evangelio del día y me interpeló mucho. El texto en cuestión es el siguiente (pueden encontrarlo en Lucas. 6, 1-5):
"Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: "¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?" Jesús les replicó: "¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados -que sólo pueden comer los sacerdotes-, comió él y les dio a sus compañeros". Y añadió: "El Hijo del Hombre es señor del sábado"."

Esto me parece revolucionario. ¿Cómo, en ese momento, podrían estar haciendo eso un sábado? Justamente ellos, que andaban junto a Jesús anunciando el Reino, parecían ir en contra de la ley, una ley que era fuertemente constitutiva de la identidad del pueblo judío en aquellos tiempos. ¿O no iban tan en contra?

No puedo dejar de pensar que este Dios vino a liberarnos y a incomodarnos, que nos invita a mirar a nuestro prójimo en vez de a leyes que no son cercanas al pueblo, en una demostración de estar atentos a los signos de los tiempos. Dijo Jesús: "No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor" (Mt. 5:17) ¿Entonces?

La tarea es difícil: dar de comer a lxs hermanxs. O mejor dicho, comer con los hermanos, en espacios en los que no es bien visto, como los discípulos que arrancaban las espigas todos juntos en aquel sembrado. Podemos preguntarnos ¿Qué es arrancar las espigas con las manos hoy? ¿Cuáles son las "leyes sobre el sábado" que nos están oprimiendo a abrirnos realmente a las necesidades de lxs hermanxs? ¿No somos a veces como esos fariseos, mirando siempre el error en vez de la necesidad genuina de vida?

Jesús nos hace invitaciones: a repensarnos, a replantearnos, a re plantarnos; porque sólo así -en comunión, como dijo Paulo Freire en su Pedagogía del oprimido y privilegiándonos como hijxs de Dios- podemos construir el Reino, porque es un Reino en el que cabemos todxs. Sólo así recuperaremos la dignidad que perdemos cuando aceptamos, casi sin querer, o sin darnos cuenta, lo que nos propone el mercado: la cultura del descarte, la lógica del cálculo, del "yo primero", del "algo habrán hecho", "a mí nadie me regaló nada", del progreso, de cuidarse del otro y no cuidarnos entre nosotrxs...

Sólo así, atentos a los signos de los tiempos y -aunque temiendo- acompañados por el Espíritu que nos anima, podemos estar en esto que nos pide Dios hoy. Que no nos agarre el miedo, el pudor, el privilegio de la norma por sobre lxs hermanxs, para poder decir juntos que no: a la criminalización de lxs pibxs, a la privatización de los encuentros, a la pérdida del contacto en persona, a olvidarnos de la presencia viva y vivificante del Jesús compañero, que camina con nosotros como lo hizo junto a los discípulos en aquellos sembrados de trigo.

"El hijo del hombre es dueño del sábado", y nos lo ha dado a su pueblo.

                      Juan Francisco Misuraca


miércoles, 9 de agosto de 2017

Un grito revolucionario de amor: las Bienaventuranzas

En los Evangelios resuenan fuerte las palabras que Jesús pronuncia por medio de las bienaventuranzas. Ante el dolor de los más desfavorecidos y la opresión que sufre el pueblo de Dios, no se queda cruzado de brazos y pronuncia palabras de salvación y vida eterna: las bienaventuranzas…

“Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios.
Bienaventurados ustedes que ahora tienen hambre, porque serán satisfechos.
Bienaventurados ustedes que lloran, porque reirán.
Bienaventurados ustedes si los hombres los odian, los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre…” (Lucas 6, 20-22)

Rezando en un retiro, no puedo dejar de pensar en los pibes privados de la libertad y escondidos detrás de enormes murallas y rejas, no puedo dejar de pensar en que se está debatiendo en la opinión pública la baja en la edad de imputabilidad… Pienso en esas cosas y no puedo concentrarme en la charla que nos están dando… Siento que las bienaventuranzas destrozan mis esquemas cerrados, egoístas y conformistas. 

Cristo asume el rostro y los sentimientos del pobre, del que sufre, de los últimos, de las víctimas… Sus bienaventuranzas son una Buena Nueva para los desposeídos, para los que cargan con la cruz de la indiferencia y el llanto continuo. Sin embargo no es opio, no es un remedio para ahogar penas, sino que es un grito incómodo, una piedra en el zapato, una molestia, para los que vivimos encerrados en la seguridad, en el conformismo y el ritualismo que nos deja serenos y con la conciencia de cumplir todo al pie de la letra.

Las bienaventuranzas no resisten a los matices, a los barnices que muchas veces les queremos aplicar: “pobres de espíritu” (aunque puede ser la invitación a ser humildes, pero muchas veces se usa como justificación o suavizante), “justicia de perfección y santidad”, “perdón ciego e ingenuo como sinónimo de misericordia”, entre otras síntesis que reducen y “potabilizan” el mensaje subversivamente compasivo de Jesús. 

Las bienaventuranzas y el Reino de los cielos son un grito de amor y un regalo para el pibe que pide en el semáforo, para la madre soltera que cría a sus hijos pese a la ausencia del padre y los golpes que recibe, para el pibe preso que ve pasar la vida detrás de la reja y sus sueños se ahogan en un llanto mudo, para el padre o la madre que pierden injustamente un hijo, para la prostituta que es mal vista y rebajada en su dignidad por “la gente de bien” que consume, para el flaco que gasta sus dos mangos que tiene en porquerías que lo destrozan pero le dan un rato de amnesia y consuelo… Y así, la lista sigue…

Es un desafío y un cuestionamiento continuo no “endulzar” el Evangelio y las exigencias que implica el seguimiento de Cristo… ¿Y a nosotros? ¿Qué “felices” nos queda? Participamos en esa felicidad, nos “colamos”, nos hacemos incluso santos, en tanto asumimos el mensaje de Cristo y lo intentamos hacer carne, aún con nuestras limitaciones y nuestras incoherencias. Participamos de las bienaventuranzas en tanto sentimos con Cristo, lloramos con Cristo, nos duele y nos escandalizamos con el dolor de Cristo… De ahí nace una praxis evangélica que nos hace ser dignos del Reino de los cielos, y nos hace parte del mensaje de Vida contenido en las bienaventuranzas. 

¡Bienaventurados los pibes y las pibas que se animan a dejar la comodidad y la seguridad, y se lanzan a trabajar y construir el Reino donde la vida duele y grita!

¡Bienaventurados los docentes que con dos mangos en el bolsillo salen a luchar cuerpo a cuerpo contra los prejuicios, reconociendo en cada pibe el rostro vivo de Dios!

¡Bienaventurados los que saben ver un ser humano atrás de una gorrita o un trapito!

¡Bienaventurados los que se animan a bajar al encuentro de Dios!

Y la lista sigue… ¿Te animás a escribir y rezar tus “bienaventuranzas”?


Emiliano

CULTURA DE BARRO




viernes, 14 de julio de 2017

¡Ni un pibe menos!

Corrientes (Argentina): barrio Juan XXIII, avenida popular "Mendoza al sur", sábado por la noche. Se escucha alguna que otra cumbiamba piola de fondo, jóvenes efervescentes en motos o autos yendo a la previa del baile, algunos señores ya pasados de "alegría" en la esquina del kiosco, la doña prendiéndole la velita al altar de la virgencita de Itatí en vísperas de su día. Metidos en un salón del Centro Educativo y Pastoral "Domingo y Laura" (o conocida por el común de la gente como "la domingo y laura") unos pibes y pibas, metidos viendo el documental "Ni un pibe menos".

Este documental cuenta la historia de Kevin, un niño de 9 años muerto por una bala en la cabeza, producto de un enfrentamiento de bandas de narcotraficantes en villa Zavaleta (Buenos Aires) pero también producto de la negligencia institucional de las fuerzas armadas, la cuales liberaron la zona para que esto pueda suceder, sin escrúpulos ni interrupciones, por nada más ni menos que ¡3 horas! A su término, estas fueron las resonancias que compartieron, en este espacio abierto y libre, los jóvenes del grupo juvenil Cristo Joven:

- Naila: "Me molestó mucho la actitud de la policía, la falta de respeto, me molesta porque nosotros tenemos que darles todo a ellos si nos paran en la calle -como mostrarles el documento- y ellos no nos dan nada a nosotros y son los que deberían cuidarnos. Encima este problema no pasa solo en esa villa, está pasando en todo el país, en todas las villas y los barrios más pobres se están muriendo cada vez más pibes y eso no es algo menor"
- Luquitas: "Como dice Naila, esto está pasando en toda la Argentina, no es algo de la ficción ni de las películas, nosotros lo vemos siempre. Lo que más me impresiona es la fortaleza y la fé de la familia de Kevin, como a pesar de haber pasado muchos años no dejó de luchar ni bajó los brazos nunca por su hijo"
- Miche: "Para mí no es que no nos dan nada... En su trabajo ellos están arriesgando su vida. Aun así esto me deja pensando muchas cosas..."
- Balma: "Lo que me quedó resonando es que si bien se lucha porque los responsables de liberar la zona tengan una condena porque fueron culpables, también me parece importante luchar contra el narcotráfico, ya que el conflicto empezó entre dos bandas de narcos, entonces se debería también pelear contra la droga que nos está matando a los pibes. Es impresionante -como decía Luquitas- como la familia no se calló, como la comunidad en sí se organizó y se hizo escuchar"
- Bicho: "A mí también me re impresionó como los trataban los policías a las personas, como los pegaban, encima yo quiero ser policía, me encantaría ser policía, pero eso sí, no quiero ser como esos policías, porque eso depende de la actitud de cada uno y yo no quiero ser así."
- Pablo: "Es emocionante el sentido de pertenencia a la villa de las personas que viven ahí, ellos no se quieren ir de ahí porque es su barrio y lo sienten como propio. Me pongo a pensar cuántas veces más de uno de nosotros escuchó decir o dijo en tono despectivo y denigrante: "aquél villero o aquella villera" y sin embargo ellos se sienten orgullosos de ser villeros"
- Naila: "Si, además nadie es superior a nadie porque todos somos seres humanos, nacer o vivir en una villa no te hace menos digno o menos persona que otro".
- Carlos: "Y si, pasa que ahora porque usás una capucha o una gorra ya te dicen que sos villero o chorro"

Todos estos comentarios y sentidos expresados por estos pibes y estas pibas son la muestra fiel del entramado socio-cultural y político que nos toca transitar,  de esta coyuntura histórica que nos atraviesa como comunidad barrial, vecinal, pastoral, como ciudadanos y ciudadanas, cómo seres humanos esporádicos, pero no por eso inherentes o inmunes a todas estas problemáticas tan complejas.

Hoy, en el marco de una sociedad que cada vez se va sometiendo más a aquél "acostumbramiento" del que nos hablaba el padre Mujica en su oración[i], nos tenemos que atrever a esto: a no callar, a generar, posibilitar y animar espacios de discusión, de encuentro, de debate, sin la presunción de que solo es mi idea la correcta y descartar la del otro u otra que también vive como yo, que pisa el mismo barro que yo, que también camina una utopía, también sueña y también se indigna y se estremece ante las injusticias sociales.

Que prime en nosotros la discusión política/pastoral en nuestras comunidades, nuestros grupos juveniles y movimientos no sólo es necesario en los tiempos que corren sino es vital e indispensable para no caer de lleno en el abismo sin fin de una "pastoral sin olor a oveja". Es decir, para no caer en la idea de que lo político, lo cultural y lo religioso son tres polos separados que no concuerdan ni se entrelazan ni tienen que ver con nuestro laburo en el barrio.

Como escribe José Piguillem (sacerdote del movimiento de curas tercermundistas) en el libro "Buscando el reino" de Marta Diana: "Al seguir a Jesús, el sacerdote hace una opción radical por sus enseñanzas sobre la igualdad, la solidaridad, la paz y la fraternidad, que son opciones políticas". Así -y para terminar- no podemos dejar de esperar contra toda esperanza desde la lógica del Reino por un mundo, un país, un barrio y una casa un cachito más humanos. Esperamos lo imposible. Esperar sólo lo inmediato, lo que está al alcance de nuestras manos, no es esperanza, es mero cálculo

Pablo Salinas



[i] http://www.elhistoriador.com.ar/frases/la_resistencia/padre_mugica.php


viernes, 16 de junio de 2017

Linchados por la vida.

Bronca. Enojo. Tristeza. Incertidumbre. Dolor. Preocupación. Miedo. Incredulidad. Ganas de mandar a muchos a la mierda. Preguntas y, cómo tantas veces, pocas respuestas. En esta siempre difícil tarea de intentar ponerle algunas palabras desde la fe a lo que nos pasa, esas fueron las primeras sensaciones que se me vinieron al corazón. Un cacho de esperanza, también, al ver las publicaciones que compartían algunos amigos y amigas repudiando lo sucedido. Un poco de consuelo al escuchar a la paramédica que intento auxiliar a los pibes. Pero de vuelta la calentura asolaba otra vez al leer algunas de las cosas que leía en las redes sociales. Cómo dijo alguna vez un amigo bahiense, Diego García (a quién le sale bastante mejor que a muchos de nosotros esto de ponerle palabras al dolor), me preguntaba si esa gente se atrevería a decir en la cara de estos pibes lo mismo que comentaba en las redes sin ponerse colorado.

Este miércoles, dos pibes de 10 y 13 años fueron linchados y golpeados hasta romperles la boca en pleno centro de nuestra peculiar ciudad de Córdoba. Un grupo de vecinos, comerciantes y peatones que paseaban por allí, se calzaron el traje de pseudojusticieros y detuvieron y violentaron a estos dos pibes, ante la atenta y cómplice mirada de otros que rodeaban la zona. Algunos intentaban justificarlo. Otros defenderlos. Al fin y al cabo, estos dos pibes tuvieron que ser trasladados al Hospital de Niños. Sí, de niños.

Te hago una propuesta. Tomate un par de minutos. Animate a retroceder y bucear en el mar de los recuerdos. Copate y ponete a pensar un ratito sobre tu vida cotidiana. ¿Comés? ¿Dormís bien? ¿Tenés frío? ¿Tenés a alguien que te quiera? ¿Cómo te tratan tus amigos? ¿Tus familiares? ¿Tenés un baño con agua caliente? ¿Una cama para dormir? ¿Pudiste ir al colegio? ¿Tuviste quién te acompañe en tu infancia, en tu adolescencia? ¿Tenés alguien en quien confiar? ¿Alguna vez te discriminaron por el lugar en el cuál vivís? ¿Por la ropa que usas? ¿Cenas todos los días? ¿En alguna ocasión dormiste en la calle? ¿Tuviste que salir a pedir, mientras todos te miran sospechosamente? ¿Llega el colectivo a tu barrio? ¿Tenés las calles asfaltadas? ¿Podés ir a un buen médico cuando estás enfermo? ¿Cuáles son las condiciones de tu institución educativa? ¿Tenés obra social? ¿Podes pagar medicamentos? La lista de preguntas puede seguir hasta el infinito.

Ahora cambiemos los roles. Ponete en el lugar de los pibes y tratá de imaginarte las respuestas a las preguntas. ¿Cenarán todos los días? ¿Irán al colegio? ¿Pasarán hambre? ¿Habrán tenido una buena nutrición de nenes? ¿Tendrán un lugar caliente donde dormir en invierno? ¿Tendrán cama? ¿Agua caliente para bañarse? ¿Cloacas? ¿Cómo es el colegio al que van (si es qué van)? ¿A dónde van cuando están enfermos? ¿A cuántas cuadras está el dispensario? ¿Cómo lo atienden? ¿Alguien lo llevará? ¿Alguien lo habrá acompañado en su infancia? ¿Y ahora? ¿Quiénes lo tratarán bien? ¿Quiénes no lo estigmatizarán? ¿Por qué saldrán a pedir o a chorear? ¿Qué les duele? ¿Qué les dolió? ¿Cuál es su historia? ¿Cuáles serán sus nombres, sus identidades? En este caso, también la lista de preguntas puede seguir hasta el infinito…

Ojalá que estas preguntas nos ayuden al menos a que podamos empatizar un poquito. Ponerlos en el lugar del otro. Entender, comprender. Mirar profundo al corazón, a la historia y al dolor del otro. Preguntarnos con profundidad el porqué de estas cosas. Abrir el corazón. Abrir la cabeza. Mirar más allá. No tener miradas simplistas de la sociedad; tampoco estigmatizantes. Dejar de vivir para cuidar sólo mi culo. Aprender a vivir para construir un lugar mejor para todos y para todas. No comerse todo lo que venden.

Javier Bonecchi, un salesiano del cuál aprendí mucho cuándo viví con él, cada vez que yo me calentaba con algún pibe porque se había echado algún moco en el Oratorio me repetía la misma pregunta, que caía cómo un baldazo de agua fría a mi corazón: ¿Te imaginás como hubieras reaccionado vos si hubieras pasado por lo mismo que él, si tuvieras tu historia y tu presente atravesados por tantos dolores? Animate también a hacerte la pregunta.

No estoy dispuesto a imaginar una sociedad donde un celular valga más que una vida. No estoy dispuesto a imaginar una sociedad dónde los palos y los golpes sean lo único que tenemos para ofrecer a los pibes –qué, curiosamente, nosotros educamos- No estoy dispuesto a imaginar una sociedad para pocos. No estoy dispuesto a imaginar una sociedad llena de odio contra los que menos tienen. No estoy dispuesto a imaginar una sociedad donde se le rompe la boca a un pibe, pero nadie se atreve siquiera a preguntarse por el entramado político, judicial, económico y policial que tantas veces hay detrás del delito. No estoy dispuesto.

A los que pretenden erigirse en guardianes de la ley, la moral y las buenas costumbres, les recuerdo que uno de los principios fundamentales del derecho penal es la proporcionalidad de la pena y que en la legislación argentina la pena para los menores tiene una función estrictamente preventiva y educativa. A los que compartimos el carisma de Don Bosco, les recuerdo las palabras de nuestro Padre, Maestro y Amigo: "se ha observado que los jóvenes no olvidan los castigos sufridos y, por lo general, conservan rencor con deseo de sacudir el yugo y hasta de tomar venganza”


Por último, a los que son cristianos (o al menos se dicen serlo, a pesar de que muchos son aquellos que escriben las barbaridades que leemos en internet), les recuerdo que el primero en entrar el cielo fue un choro y que ya Jesús, el Hijo de Dios, lo dijo bien clarito: “les aseguro que los publicanos –es decir, los choros- y las prostitutas entrarán primero que ustedes en el Reino de Dios”

Mauro

CULTURA DE BARRO


martes, 13 de junio de 2017

Caminar hacia lo inexplorado...

“Todo lo nuevo siempre es malo”… “La curiosidad es mala”…”Todo lo divertido es malo” “Estar vivo es estar dentro de la rutina” “Lo nuevo o lo diferente nos mata”… nos insiste lleno de seguridad en el inicio de la película el papá de los Croods.

“Todo lo viejo era mejor” “Los jóvenes no son cómo antes” “Todo tiempo pasado fue mejor” “Antes había orden y disciplina” “A los pibes de hoy no les interesa nada” “Siempre se hizo así” “Hoy en día cada uno hace lo que quiere”… nos quieren convencer a toda costa quiénes pretenden una juventud acrítica, descomprometida, desinformada y fuera de los escenarios de protagonismo.

¿Cuántas veces escuchaste alguna de estas frases? ¿Te acordás dónde? ¿Nunca la escuchaste en alguna de tus comunidades? ¿Muchas veces no forma parte del discurso de nuestras comunidades cristianas? ¿No creés que los jóvenes tenemos algo más para dar? ¿Qué en nuestras manos no está sólo el futuro, sino también el presente?

¿Y la felicidad se encuentra en lo nuevo, en lo que está por descubrir? ¿y si la plenitud habita lo inhóspito, los territorios sin explorar, lo desconocido? ¿Y si abrir las puertas del encierro, del “siempre se hizo así” nos conduce a leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio? ¿Acaso la propuesta de Jesús no es una aventura? ¿Una búsqueda constante de construir el Reino de Dios? ¿La manera de encontrar la luz no será caminando hacia escenarios poco conocidos para los cristianos?

La tentación siempre podrá decirnos al oído, cómo la mamá de los Croods: “Es muy arriesgado”. Pero si nos dejamos conducir por la novedad del Espíritu, tal vez podamos responder: “¿De qué sirve todo esto…vayamos caminando tras la luz, con la esperanza de que todas las cosas van a ser mejores”… “vamos a vivir, porque cambiamos las reglas que nos mantenían a oscuras”.
Como comunidades cristianas, hemos recordado en estos últimos dos domingos al Espíritu Santo. 

Ojalá que podamos seguir descubriéndolo cómo la fuente que anima la historia, que nos inspira para renovar la faz de la tierra, cómo el Padre de los Pobres, cómo quién alimenta nuestro compromiso por transformar el mundo, por cambiar las reglas que mantienen a tantos hermanos y a tantas hermanas en oscuridad…ojalá que podamos darnos cuenta que es el Espíritu quién nos habita y que, si nos dejamos animar por él, nos dará una fuerza irresistible para seguir haciendo presente en la Tierra el sueño de Dios…

Mauro

CULTURA DE BARRO

Nota: Texto escrito a partir de un fragmento de la película "Los Croods". Podes mirarlo en el siguiente link: 
https://drive.google.com/file/d/0BwNm6p_s8bY8QzZnMmp3TE1lLTA/view?ts=58e230a4