lunes, 26 de octubre de 2015

Compromiso político: vehículo privilegiado de transformación y humanización

Dando gracias a Dios por una nueva jornada de ejercicio democrático de nuestro derecho al voto, nos parecía más que oportuno esbozar algunas líneas de reflexión acerca de la importancia de la dimensión socio-política en la vida del animador cristiano y salesiano que camina siempre en búsqueda de la construcción del Reino.

La realidad se impone y no podemos negar que en las últimas décadas la actividad política ha sufrido una desvalorización muy significativa. El desencanto generalizado que se deriva de los casos de corrupción, de las promesas incumplidas, de las subjetividades expulsadas y de tantas otras decepciones que salpican a muchos de los que ejercen la actividad política ha calado hondo en muchos de nosotros. Eso nos lleva a oscilar (a los que estamos fuera de la política partidaria) entre el pasivo desinterés o el ardiente “qué se vayan todos”, entre el lento abandono de la cuestión política en nuestras vidas o el descreimiento total en nuestro sistema democrático. Para los que están dentro de los partidos, pareciera que las únicas alternativas son acomodarse a lo que hay o quedar fuera de toda participación porque sos un boludo.

Pero una vez más no me gustaría ceder a la tentación del pesimismo y ante ella vamos a gritar un fuerte NO. Mirar desde la perspectiva del Reino implica crítica y cuestionamiento, pero nunca desesperanza; implica ser profetas pero no de calamidades, sino de utopías. Desde este punto de partida, estas son algunas claves qué se me ocurren -con toda posibilidad de equivocarme- que podrían ayudarnos a recuperar a la política como espacio significativo desde el cuál seguir construyendo el Reino de Dios:

- Recuperar el concepto de política cómo lo plantea el Concilio Vaticano II: la actividad política por excelencia que significa entregarse al bien de la vida pública. Es fundamental comprender que el cristiano del siglo XXI deberá ser un sujeto político activo para poder romper con las estructuras de opresión que atentan contra el Reino de Dios. Debemos reconsiderar a la política cómo una posibilidad real de concretar la propuesta de humanización de Jesús en términos macrosociales.

- Nunca olvidar quiénes fueron los que constituyeron el centro de la misión y el mensaje de Jesús: los pequeños, los sufrientes, los pobres. Sea cuál sea la modalidad partidaria que adoptes, la causa política de los cristianos siempre debe ser la de los pobres… y la del salesiano, la de los pibes más pobres. Desde este ángulo debemos evaluar todo lo que tiene que ver con esta realidad: políticas de seguridad, de vivienda, de empleo, de educación, de salud y demás yerbas.

- Tomar conciencia de que en la vida socio-política se juega la vida y la dignidad de millones de personas. Eso nos debe impulsar a descubrir en cada uno de nosotros desde dónde ejercer esa vocación política y encararla con trabajo responsable y ético. La participación activa debe imponerse por sobre la desconfianza y el rechazo. Cada uno debe encontrar en qué lugar está llamado a hacer propia esta noble actividad.

- Es de vital importancia integrar en nuestras propuestas educativas, pastorales y catequísticas la dimensión socio-política de la fe cristiana. La doctrina social de la Iglesia no duda en llamarla la “expresión más perfecta de la caridad”…y pensar que a veces le tenemos miedo y preferimos transmitir una fe infantil y descomprometida.

- Incentivar la militancia. No hay que tenerle miedo a esa palabra y debemos quitarle todos los prejuicios que recaen sobre la misma. Es una oportunidad de participación concreta muy importante que nos va insertando en el núcleo de la vida política. La voz profética en favor de los oprimidos debe sonar bien fuerte en las estructuras de los propios espacios políticos.

- Desde Jesús: tener la actitud del buen samaritano con los pobres, los sufrientes, con “el pueblo crucificado”. Desde Don Bosco: salir al encuentro de los pibes más pobres. Contemplando y tocando el barro con nuestras propias manos y haciéndonos uno con los más débiles, podemos entender su dolor y vulneración de derechos. Ahí podemos ser un gran puente, llevando a la vida política la lucha de los que más sufren. La política es una actividad compleja que nos desafía entre el compromiso concreto con el pueblo y las propuestas macrosociales. Pensarla desde los privilegiados de Jesús resulta incuestionable.

Son sólo las primeras ideas que se me venían a la mente… pero todas ellas me llevan a la misma conclusión: la política es un vehículo privilegiado de transformación y humanización. Nos permite pensar en clave estructural los problemas y las dificultades que afectan la cotidianeidad de los pibes más pobres… y si bien es cierto que estamos llamados a estar al pie de la cruz como María, sí solo nos quedamos ahí y no pensamos cristianamente propuestas transformadoras, nuestro apostolado sería casi un masoquismo. No le podemos escapar a pensar las problemáticas desde las estructuras…sobre todo porque seguimos a un Dios que en la historia descartó estructuras políticas y religiosas porque atentaban contra la dignidad de su pueblo incondicionalmente amado.

Me gustaría cerrar estas palabras confiándole esta búsquedas a Tata Dios con las palabras de alguien que la tiene un poco más clara: el Papa Francisco: “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!” (Evangelii Gaudium, 205).

Mauro

CULTURA DE BARRO


1 comentario:

  1. ta muy bueno:la política es un vehículo privilegiado de transformación y humanización

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